Me
desconcierta que la ciudad de Monterrey, siendo una ciudad rodeada de montañas, como ciudad,
como colectivo, no tenemos una conciencia de protección de las montañas, ni de
los servicios que nos dan, ni de proteccion de quienes en ellas habitan.
En estos últimos días del año vemos un incendio en la sierra de Santiago, coatíes que se avalanzan por comida contra los visitantes del cerro de la silla y las pedreras que nunca faltan al festín del descuido.
Son
tantos los daños, que parecieran que no nos importan. Me imagino que si las
montañas fueran personas estarían todas resecas, con el cabello cenizo, los
labios blancos, con varios muchos raspones en el cuerpo, algunas quemaduras de
tercer grado, la ropa rasgada y cojeando pidiendo ayuda; a la vez que un montón
de otras personas a su alrededor, se reunirían para exigirle agua, comida,
oxígeno, usar su espacio vital para recrearse y ejercitarse.
¿No creen que las montañas necesitan un descanso de nosotros?
Las montañas requieren una tregua para replantear y reorganizar la manera en que nos trepamos a los cerros; requieren una tregua para revisar la legislación y los permisos que les hemos dado a las pedreras; requieren una tregua para que la fauna silvestre se desacostumbren a los senderistas y puedan dejar de depender de la comida que les dan cual zoológico; requieren una tregua para evitar incendios provocados por los descuidos humanos; requieren una tregua para que renazca la propia vida.
En serio, las montañas necesitan una tregua ... de nosotros.

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