Salir a la montaña para tener
un momento de recreación en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey puede ser
una experiencia muy caótica y conflictiva, casi tan estresante como pasar
algunas horas en el tráfico de la ciudad.
Hace algunos años, con un
grupo de amistades, organizamos un campamento en el ejido “Los Mauricio” en el
municipio de Santiago, Nuevo León. Para que se den una idea de la ubicación, el
conocido paraje “Las Adjuntas” se encuentra dentro de este ejido en un Área Natural
Protegida (ANP).
El campamento tenía como
objetivo sensibilizarnos, para conocer el espacio y, a la vez poder reconocer
la importancia y el valor que tienen las ANP´s para nuestro desarrollo.
En ese mismo espacio, pasadas
las primeras horas del día, se daban cita muchos otros paseantes de los cuales
pensábamos que buscaban una escapatoria hacia la tranquilidad de la naturaleza.
La realidad fue diferente.
Los paseantes llegaron al
espacio en vehículos todo terreno: motocicletas, jeeps, camionetas, vehículos
tipo tubulares, una gran variedad de vehículos. Puedo decir que ninguno era
usado como medio de transporte, sino mas bien como medio de recreación. La
dinámica consistía en llevar el vehículo hacia los lugares que no hay camino y
poner sus vehículos a prueba. Una de estas pruebas no funcionó, el vehículo
chocó con una roca provocando el derrame del combustible en pleno bosque,
poniendo en riesgo a las personas que estábamos cerca y, además poniendo en
riesgo nuestro patrimonio natural.
En abril del 2017, el Grupo de
Especialistas y Actores Ambientales de Nuevo León, publicó un extenso análisis
donde se documentan el impacto que los vehículos todo terreno y, los paseantes
en general, estamos teniendo sobre las ANP’s.
Dentro de las principales
problemáticas documentadas están: la basura, ruido y perturbación de fauna
nativa, grafitti y vandalismo en
paredes de las montañas, contaminación en cuerpos de agua por ingreso de
vehículos, remoción de vegetación, erosión del suelo, por mencionar algunas.
Estás formas de recreación y
sus riesgos se han ido expandiendo con el paso
de los años y han ido reemplazando una cultura
que anteriormente pudo haber sido respetuosa de la naturaleza, era solidaria y
ponía al servicio de la comunidad sus vehículos. Actualmente esta cultura de
los razors está desbordada, no hay control, y lo que predomina
es el ruido, el impacto ambiental en los ríos, las montañas e incluso en el
aire que se respira. Pareciera que el esparcimiento se está limitando a subirse
al vehículo, ver quien levanta más polvo, remueve más los ríos, destruye
más caminos, o, en el caso de los menos expertos, llegar
a cierto punto, tomarse una selfie y
regresar.
Con esa rapidez nos estamos
perdiendo de conocer nuestros bosques que tienen la mayor riqueza en especies
de pinos y encinos en México; una gran variedad de especies animales como el
oso negro, los murciélagos o la cotorra serrana;
un sin número de especies de flores, matorrales o pastizales; y la posibilidad
de conocer ese pequeño gran mundo de los insectos.
Actualmente hay un debate por
regular las actividades de los vehículos todo terreno, una de éstas es tener un
registro y con ello evitar que pasen desapercibidas
malas prácticas como el conducir en estado de ebriedad, o que estos vehículos
sean conducidos por menores de edad.
Debemos actualizarnos y
regular las nuevas amenazas que tienen las ANP’s, no solo delimitando las zonas
de protección y evitando construcciones, sino también con educación y sensibilización.
La responsabilidad es compartida, debemos de reemplazar
esa cultura del motor, del despojo, del ruido, del paseo solo de selfie, por aquella cultura que nos haga
mas sensibles, aquella que comparte el paisaje y que rechaza al paseante que
deja basura o a quien, con su vehículo, invade y destruye zonas
protegidas.
Este texto es resultado de el taller de Columna de Opinión impartido por la Dra. Ximena Peredo y el equipo de Vertebrales, la publicación original la pueden encontrar en el siguiente vínculo: https://vertebrales.com/selfie-en-la-montana/

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