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| El desierto está lleno de vida |
Decidí
caminar hacia el punto de reunión que era en la plaza principal, donde
obviamente no había ni una sola alma despierta, bajé mi mochila y me recargué
en un poste dentro del kiosco. En ese lugar trataba de aterrizar lo que estaba
por vivir, lo que estaba viviendo desde ese instante, las horas de viaje no se
sentían, la sensación de iniciar un viaje a un punto desconocido, hacía lo inhóspito, hacia la incertidumbre me mantenían despierto.
Ya
por la mañana, con la suerte de mi lado, al encontrar hospedaje por unas horas,
justo al amanecer, regresé al kiosco de la plaza principal. Poco a poco fueron
llegando los compañeros y compañeras de expedición. La expectativa fue subiendo
de tono, la palomilla se iba reuniendo,
nos empezamos a conocer, empezamos la expedición.
En
los primeros días recuerdo el calor, tan difícil de librarse de él por las
escasas sombras, solo los grandes sahuaros del desierto te daban un momento de
respiro; la muy escasa humedad y el frío, solo en las noches que la temperatura
extrema hacía que el rocío de la madrugada llegara al punto de congelamiento;
la falta de agua para tomar, llegar al punto de reunión y re-abastecer de algún
charco o abrevadero para luego desinfectar y confiar en que la solución química
te libraría de los bichos y bacterias que no necesita el cuerpo y tener lo que
si necesita, la hidratación.
Creo
que la vida puede ser una gran escuela, con las personas y el entorno cercano
como maestros y sus orientadores que confronten y ayuden a que cada momento sea
un espacio de aprendizaje y reflexión.
Esta
expedición ha sido como uno de los mejores sueños de la infancia. De esos
sueños que tenía cuando jugaba a caminar entre arbustos y terrenos
escarpados explorando en un jardín toda la vida posible, donde pasaba, de
pensar un escalón como una gran colina por descender, hasta crear un canal de
agua para que pasara de ser un charco a una acequia que llevara el líquido hacia
otro punto. Sueños como el voltear a ver las sierras que rodean mi ciudad y
verme corriendo por toda la arista de un lado a otro pasando acantilados de un
solo salto, pensando en que la vida allá arriba dependía del equilibrio que
tuviera, eso sí, nunca me vi cayendo, si me veía volando.
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| Los últimos días en el desierto. |
Estos
sueños de alguna manera han guiado mi curiosidad, recuerdo los primeros
ascensos que hice en la Huasteca, Santa Catarina y la primera vez que hice un
recorrido largo en las sierras que rodean la ciudad de Monterrey. Sentir que
estaba en un lugar inhóspito, rodeado de la naturaleza, protegido y al mismo
tiempo vulnerable. Recuerdo la sensación de cansancio, pero también haber
suspirado al final del camino, satisfecho por el calor, el frío, la amistad, el
cielo, el viento.
En la montaña nunca es igual, aunque te digan que el terreno
es el mismo, que el clima también fue extremo, siempre será diferente. Las
personas hacen la diferencia, la palomilla hace su trabajo, de ellos y ellas, de
cada uno aprendemos, a eso vamos, a medir nuestra fuerza, a medir nuestra
conciencia y nuestra voluntad.
Gracias a mis compañeros y compañeras de viaje, éste no ha
sido la excepción y cada paso estuvo acompañado de sus palabras y reflexiones,
de los aprendizajes y errores, de cada decisión que tomamos. En las decisiones
no hay errores, son las decisiones del momento las que nos han hecho aprender,
en cada situación, en cada ruta, en cada interpretación de mapa.
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| La Palomilla por la mañana antes de iniciar un nuevo recorrido. |
Quiero decirles que todo este mes han estado en mi mente, la
palomilla, y toda la escuela NOLS. Llevo recuerdos y aprendizajes que me han
ayudado a tomar impulso para tomar decisiones personales importantes y para
poder seguir compartiendo y trabajando en la conservación de nuestras montañas.
Agradezco a todo el equipo de NOLS que hacen posible esta
experiencia, a quienes con recursos materiales y económicos hacen
posible que esta escuela siga funcionando de la manera tan profesional. Agradezco por el apoyo para el programa en México y por hacer posible que más personas vivamos experiencias como esta que marcan nuestra vida.
¡A todos y todas un gran abrazo!
Miguel Villarreal
22 de febrero 2019



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